lunes, 10 de octubre de 2016

La fortuna del buen Uso del Español:

La fortuna del buen Uso del Español:

Esta semana comencé a pensar sobre la complejidad del español, y a reconocer lo afortunada que soy de hablar aquel idioma tan hermoso, pero tan enigmático.
 Entonces, pensando y pensando, reflexioné en torno a cómo la calidad de vida de una persona mejora si sabe usar mejor el español, si sabe adaptar en su discurso palabras nuevas, si sabe ser elocuente y encaminar su discurso para convencer a una persona de cierto hecho o verdad, ya sea para venderle un producto o para llevarlo a hacer una acción: como en los buses, muchas veces un personaje que dice el mismo: “buenas tardes, damas y caballeros, el día de hoy vengo a ofrecerles X producto, lleve tres por 1000”,  no causa gran impresión en las personas, ya que estas se acostumbran a oír el mismo discurso: “esta es mi forma de trabajo, Dios se los ha de pagar, recuerde, los tres productos en 1000 pesitos”. Pare de contar, pero cuando se sube un personaje con una gran sonrisa y con un carisma fuera de lo común y empieza a bromear,  a hablar de cosas actuales como el clima, o temas comunes, la gente suele ser más receptiva y está más dispuesta a comprar el producto, por malo que sea. Lo que resalta es el hecho de que aquel personaje hiciera otros gestos, usara otras palabras, que muestran una intencionalidad, un manejo del discurso, no como los vendedores tradicionales quienes manejan su discurso como si este estuviera ya  grabado en sus mentes.
De acuerdo con lo anterior, me gustaría expresar que debemos conocer nuestra enigmática lengua para poderla usar mejor, para llevar de manera exitosa nuestras intencionalidades, pues todos nuestros actos transmiten una, debemos leer esto en los otros  y reconocerlo en los textos, para “que no lo tumben a uno por ahí” y, en los textos, para comprender mejor las ideas que este contiene y tomar una postura frente a él, ya sea para soportar las ideas en él o para objetar sobre ellas, y esto se logra leyendo, analizando, siendo receptivos ante las cosas que ocurren a nuestro alrededor, y cuando tenemos principios e ideas claras sobre las cosas y el mundo, comprender las marcas textuales en un texto se nos facilita, al igual que tomar posiciones frente  a un problema.

Finalmente, yo diría que como maestros es importante leer con detenimiento las leyes y documentos que regulan la enseñanza de nuestra intrincada lengua, reconocer su intencionalidad, hacia dónde se dirige  la enseñanza de la lengua en esos textos, qué de ellos quiero implementar en mi enseñanza y qué no, todo ello para que nuestro discurso como maestros esté nutrido y sea amplio para poder enseñar con criterio y para demostrar nuestro dominio personal del tema ante la academia. 

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