La
fortuna del buen Uso del Español:
Esta semana comencé a pensar sobre la complejidad del
español, y a reconocer lo afortunada que soy de hablar aquel idioma tan
hermoso, pero tan enigmático.
Entonces, pensando
y pensando, reflexioné en torno a cómo la calidad de vida de una persona mejora
si sabe usar mejor el español, si sabe adaptar en su discurso palabras nuevas,
si sabe ser elocuente y encaminar su discurso para convencer a una persona de
cierto hecho o verdad, ya sea para venderle un producto o para llevarlo a hacer
una acción: como en los buses, muchas veces un personaje que dice el mismo:
“buenas tardes, damas y caballeros, el día de hoy vengo a ofrecerles X
producto, lleve tres por 1000”, no causa
gran impresión en las personas, ya que estas se acostumbran a oír el mismo
discurso: “esta es mi forma de trabajo, Dios se los ha de pagar, recuerde, los
tres productos en 1000 pesitos”. Pare de contar, pero cuando se sube un
personaje con una gran sonrisa y con un carisma fuera de lo común y empieza a
bromear, a hablar de cosas actuales como
el clima, o temas comunes, la gente suele ser más receptiva y está más
dispuesta a comprar el producto, por malo que sea. Lo que resalta es el hecho
de que aquel personaje hiciera otros gestos, usara otras palabras, que muestran
una intencionalidad, un manejo del discurso, no como los vendedores
tradicionales quienes manejan su discurso como si este estuviera ya grabado en sus mentes.
De acuerdo con lo anterior, me gustaría expresar que
debemos conocer nuestra enigmática lengua para poderla usar mejor, para llevar
de manera exitosa nuestras intencionalidades, pues todos nuestros actos
transmiten una, debemos leer esto en los otros y reconocerlo en los textos, para “que no lo
tumben a uno por ahí” y, en los textos, para comprender mejor las ideas que
este contiene y tomar una postura frente a él, ya sea para soportar las ideas
en él o para objetar sobre ellas, y esto se logra leyendo, analizando, siendo
receptivos ante las cosas que ocurren a nuestro alrededor, y cuando tenemos
principios e ideas claras sobre las cosas y el mundo, comprender las marcas
textuales en un texto se nos facilita, al igual que tomar posiciones
frente a un problema.
Finalmente, yo diría que como maestros es importante leer
con detenimiento las leyes y documentos que regulan la enseñanza de nuestra
intrincada lengua, reconocer su intencionalidad, hacia dónde se dirige la enseñanza de la lengua en esos textos, qué
de ellos quiero implementar en mi enseñanza y qué no, todo ello para que
nuestro discurso como maestros esté nutrido y sea amplio para poder enseñar con
criterio y para demostrar nuestro dominio personal del tema ante la academia.

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