
¿Por qué si nacimos
escuchando, no sabemos escuchar?, ¿a quién le ha importado luchar por
la educación integral en la escucha para el ser
humano?, ¿quién realmente ha escuchado con libertad de prejuicios?, ¿quién
ha podido disfrutar de la belleza de los sonidos,
incluso de aquellos que le desagradan? Estas son algunas de las
preguntas que nacen en mí, una maestra en formación del sexto
semestre, al escuchar las sabias palabras de su profesor de Naturaleza de
las Áreas en Español, José Cano, cuando nos enseñaba lo que la vida y sus
conocimientos le habían revelado sobre la importancia de saber escuchar
y nos preguntaba: “¿A quién aquí le han enseñado a escuchar?”.
A partir de esto, he descubierto y
entendido por qué las personas tenemos problemas en nuestras
relaciones, por qué no aceptamos con tranquilidad la opinión de
los otros. Esto es porque los vemos como una amenaza, porque
queremos imponernos o, porque otros se han impuesto ante nosotros para que
hagamos lo que ellos quieren. Por qué existe la violencia, las
guerras, los malos entendidos, por qué se desata el rencor y
la crítica. Y he llegado a la conclusión de que la
raíz es, en esencia, el no
saber escuchar, acompañada con otros males que empujan al
caos, a la desesperación y al estallido de la inevitable
incomprensión, la que termina en autoritarismo, racismo, rechazo,
exclusión y/o prejuicios.
En mi caso, lo he vivido cientos
de veces; he conocido personas que no les interesa escuchar y solo quieren
hablar, personas que me critican sin conocerme, personas que me califican por
mi manera de vestir, hablar, moverme y hasta por mi derecho a respirar,
muchos le llaman a esto el fenómeno mundial de: “Yo no soy monedita
de oro para caerle bien a todo mundo”, pero yo le llamo intolerancia,
incomprensión y sobre todo prejuicios. Esos son los motivos que llevan a
unos a rechazar a otros y negarles la posibilidad de opinar en un mundo en su
mayoría “democrático”, porque al parecer, en este país a nadie le
importa en la práctica, formar personas democráticas que sean capaces
de aceptar las opiniones de los otros, sin importar o no que
les agraden y saber, también, defender las suyas.
Por tanto, el problema de
la escucha y de los prejuicios no es un problema aparte de la
educación, sino uno de los factores esenciales que adolece la misma y uno
de los males que reciben los docentes y personas del común cuando son educadas en
un sistema educativo donde se enseña a privilegiar la exclusión,
la intolerancia y donde se calla a las minorías. Con
relación a esto, Charlotte Brontë dice: “Los prejuicios, y es bien sabido, son
difíciles de erradicar del corazón de aquellos que nunca han fertilizado su
educación. Crecen allí, firmes como malas hierbas
entre rocas”. Entonces, en definitiva, el no saber escuchar
produce muchas enfermedades y daños a la sociedad desde sus actores
políticos, entre estos, principalmente los docentes y la
constitución de la familia. Ahora bien, una de esas tantas
enfermedades son los prejuicios esos, que no nos dejan ver
más allá de las apariencias y que nos hacen sentir dueños y señores
de armas para eliminar a los que son diferentes a nosotros con nuestra
ignorancia, tratándolos de volver invisibles en nuestra mente, tratando de
ignorarlos, callarlos y no entender nada de lo que dicen
cuando hablan porque no es importante para nosotros.
Para terminar, quiero reafirmar la
solución que nos dio el profesor José Cano
para combatir este grave mal, la cual es simplemente
hacer consciente el sentido de la escucha y
ponerlo en práctica cada día con cada persona que
quiere ser hablante o quiere comunicarnos algo, aunque no sea una
persona de nuestro agrado, porque en la vida es cierto ese dicho popular:
“la práctica hace al maestro”. Por eso, debemos practicar cada
día este sentido para mejorarlo y con ello, cambiar nuestro
mundo, aportar un granito de arena a la armonía, equidad, justicia, paz
y la democracia, una que no solo este escrita, sino que
sea real. Para lograr lo dicho, simplemente hay que poner en práctica
simples técnicas, como:
- · Tener una actitud de escucha.
- · Controlar la velocidad de nuestros pensamientos y usar nuestra inteligencia para procesar el mensaje del receptor y aprender de él.
- · No adelantar conclusiones y dejar de lado los prejuicios para sorprendernos de todo lo que una persona puede ofrecernos.
- · Finalmente, escuchar activamente y hacer sentir a las personas escuchas.
Stephanie, has tomado esta habilidad con la importancia que yo le doy. Definitivamente creo que muchos males contemporáneos salen de la falta de escucha, tal como los que enuncias. Por ello como maestros tenemos que formarnos en esta habilidad y formar a nuestros estudiantes para que tengamos una vida de relaciones mucho mejor. Te apropiaste muy bien del vídeo de la clase.
ResponderBorrarEn cuanto a la forma, revisa la puntuación.