domingo, 21 de agosto de 2016

SOBRE EL SENTIDO OLVIDADO Y LOS PREJUICIOS:


¿Por qué si nacimos escuchando, no sabemos escuchar?, ¿a quién le ha importado luchar por la educación integral en la escucha para el ser humano?, ¿quién realmente ha escuchado con libertad de prejuicios?, ¿quién ha podido disfrutar de la belleza de los sonidos, incluso de aquellos que le desagradan? Estas son algunas de las preguntas que nacen en mí, una maestra en formación del sexto semestre, al escuchar las sabias palabras de su profesor de Naturaleza de las Áreas en Español, José Cano, cuando nos enseñaba lo que la vida y sus conocimientos le habían revelado sobre la importancia de saber escuchar y nos preguntaba: “¿A quién aquí le han enseñado a escuchar?”. 

A partir de esto, he descubierto y entendido por qué las personas tenemos problemas en nuestras relaciones, por qué no aceptamos con tranquilidad la opinión de los otros. Esto es porque los vemos como una amenaza, porque queremos imponernos o, porque otros se han impuesto ante nosotros para que hagamos lo que ellos quieren. Por qué existe la violencia, las guerras, los malos entendidos, por qué se desata el rencor y la crítica. Y he llegado a la conclusión de que la raíz es, en esencia, el no saber escuchar, acompañada con otros males que empujan al caos, a la desesperación y al estallido de la inevitable incomprensión, la que termina en autoritarismo, racismo, rechazo, exclusión y/o prejuicios. 

En mi caso, lo he vivido cientos de veces; he conocido personas que no les interesa escuchar y solo quieren hablar, personas que me critican sin conocerme, personas que me califican por mi manera de vestir, hablar, moverme y hasta por mi derecho a respirar, muchos le llaman a esto el fenómeno mundial de: “Yo no soy monedita de oro para caerle bien a todo mundo”, pero yo le llamo intolerancia, incomprensión y sobre todo prejuicios. Esos son los motivos que llevan a unos a rechazar a otros y negarles la posibilidad de opinar en un mundo en su mayoría “democrático”, porque al parecer, en este país a nadie le importa en la práctica, formar personas democráticas que sean capaces de aceptar las opiniones de los otros, sin importar o no que les agraden y saber, también, defender las suyas. 

Por tanto, el problema de la escucha y de los prejuicios no es un problema aparte de la educación, sino uno de los factores esenciales que adolece la misma y uno de los males que reciben los docentes y personas del común cuando son educadas en un sistema educativo donde se enseña a privilegiar la exclusión, la intolerancia y donde se calla a las minorías. Con relación a esto, Charlotte Brontë dice: “Los prejuicios, y es bien sabido, son difíciles de erradicar del corazón de aquellos que nunca han fertilizado su educación. Crecen allí, firmes como malas hierbas entre rocas”. Entonces, en definitiva, el no saber escuchar produce muchas enfermedades y daños a la sociedad desde sus actores políticos, entre estos, principalmente los docentes y la constitución de la familia. Ahora bien, una de esas tantas enfermedades son los prejuicios esos, que no nos dejan ver más allá de las apariencias y que nos hacen sentir dueños y señores de armas para eliminar a los que son diferentes a nosotros con nuestra ignorancia, tratándolos de volver invisibles en nuestra mente, tratando de ignorarlos, callarlos y no entender nada de lo que dicen cuando hablan porque no es importante para nosotros. 

Para terminar, quiero reafirmar la solución que nos dio el profesor José Cano para combatir este grave mal, la cual es simplemente hacer consciente el sentido de la escucha y ponerlo en práctica cada día con cada persona que quiere ser hablante o quiere comunicarnos algo, aunque no sea una persona de nuestro agrado, porque en la vida es cierto ese dicho popular: “la práctica hace al maestro”. Por eso, debemos practicar cada día este sentido para mejorarlo y con ello, cambiar nuestro mundo, aportar un granito de arena a la armonía, equidad, justicia, paz y la democracia, una que no solo este escrita, sino que sea real. Para lograr lo dicho, simplemente hay que poner en práctica simples técnicas, como:  

  • ·         Tener una actitud de escucha. 
  • ·         Controlar la velocidad de nuestros pensamientos y usar nuestra inteligencia para procesar el mensaje del receptor y aprender de él. 
  • ·          No adelantar conclusiones y dejar de lado los prejuicios para sorprendernos de todo lo que una persona puede ofrecernos. 
  • ·          Finalmente, escuchar activamente y hacer sentir a las personas escuchas.

1 comentario:

  1. Stephanie, has tomado esta habilidad con la importancia que yo le doy. Definitivamente creo que muchos males contemporáneos salen de la falta de escucha, tal como los que enuncias. Por ello como maestros tenemos que formarnos en esta habilidad y formar a nuestros estudiantes para que tengamos una vida de relaciones mucho mejor. Te apropiaste muy bien del vídeo de la clase.

    En cuanto a la forma, revisa la puntuación.

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