Plutarco decía que “Para
saber hablar es preciso saber escuchar”. Asimismo, yo he oído que escuchar es
el primer sentido que desarrollamos y el último que perdemos. De ahí que este sentido sea tan importante para
el desarrollo de nuestras habilidades y competencias comunicativas durante toda
nuestra vida, porque no es solo el que nos permite ubicarnos o darnos
información necesaria para nuestra supervivencia, sino que nos permite
reconocer el placer y disfrute de sentirnos amados, de ser llamados por nuestro
nombre, de escuchar la voz de nuestros seres queridos y percibir una hermosa melodía llamada
canción.
Pero, antes de cualquier
explicación lógica acerca de la trascendencia comunicativa de este, quisiera
hablar desde mis propias experiencias y desde algunas preguntas que he
fabricado al tomar el papel de receptor, de quedarme callada y ser capaz de
entender o simplemente esperar para responder y decir con agrado, enfado o
impulso todo lo que mueve dentro de mí esos sonidos del otro, sus palabras y
más que eso, los sentidos que produce.
En efecto, siempre me ha
parecido muy difícil hacer distinción entre eso que los sonidistas llaman
planos sonoros, pues no soy hábil para distinguir cuál es más importante que
otro, ya que no logro concentrarme en el plano principal, ya sea por cercanía o
por ser el más relevante en ese momento. Tal vez, por estar relacionado con la
voz de mis maestros, los consejos de mi madre o las enseñanzas de la iglesia.
Entonces, fácilmente mi oído escucha la vocecita de los niños jugando, los
comentarios de otras personas alrededor, los sonidos de afuera, los movimientos
de los animales u otras personas. Es un juego interminable de sonidos, de
ideas, de palabras que entran y salen, forman conceptos y me confunden en un
mar de pensamientos sin fin, no sabiendo, en muchas ocasiones, dónde terminan
los pensamientos del otro y dónde surgen los míos o los de mi otro “yo”.
Lo anterior me hace
cuestionarme sobre ¿Qué realmente debo escuchar?, ¿por qué debo escucharlo
todo?, ¿por qué hay palabras y consejos que nunca se olvidan?, ¿por qué hay sonidos
que te paralizan?, ¿por qué hay sonidos que te hacen estallar de alegría o de
tristeza?, ¿hay sonidos que te pueden matar?, y más aún, ¿por qué escuchar trae
tanto peso sobre los hombros de una persona?
No obstante, me doy cuenta
que es más fácil preguntar que entender muchas realidades que simplemente nos
afectan. Como lo dije antes, parece ser que me es difícil y no solo a mí, sino
a muchos nos es difícil diferenciar entre lo que es basura y lo que es
importante a la hora de escuchar. En mi caso, le atribuyo toda la culpa a la
cortesía y al deseo de ser tolerante, pues me hacen escuchar bastantes discursos
que son desagradables. Se supone que es lo que debo de hacer, aunque haya
descubierto hace poco que hay palabras que deben ser ignoradas; hay personas
que deben ser olvidadas y discursos que deben ser evitados porque fracturan el
alma, porque hieren el corazón y deterioran la conciencia.
Por eso, he recibido con
agrado esas palabras que me muestran qué escuchar y cómo aprender a escuchar,
las cuales se encuentran en ese famoso libro de la sabiduría, la Biblia. Por
ejemplo, cuando esta dice: “Hijo mío, presta atención a mi sabiduría, inclina
tu oído a mi prudencia […] Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no
abandones la enseñanza de tu madre […]. En conclusión, no necesito más que
llenar mis oídos de aquello que me acerca a la sabiduría y restarle valor a eso
que trae necedad, caos y tristeza, pero para eso necesito escuchar mucho,
aunque no quiera porque tengo que seguir diferenciando la intención de las
palabras, porque no todos los sonidos que traen alegría son los más apropiados,
ni todos los sonidos que traen tristezas son los que, realmente, nos hacen
daño. Entonces, no tengo más remedio que seguir escuchando hasta que me muera y
seguir creciendo en sabiduría hasta que pueda escuchar.

Definitivamente escuchar es lo mejor...
ResponderBorrarVuelve a revisar la puntuación, pues el texto se pierde un poco sin su uso.
uso inadecuado de mayúscula: "pensamientos sin fin; No sabiendo, en muchas ocasiones..."
Me encantan las preguntas que haces, me gustaría saber tu respuesta a ellas.
Luego de escuchar a alguien es imposible olvidar lo que ha dicho, si solo se oye, sí.
Pero sigue escuchando, es lo mejor.