domingo, 14 de agosto de 2016

Aprender a escuchar:


                                     
Plutarco decía que “Para saber hablar es preciso saber escuchar”. Asimismo, yo he oído que escuchar es el primer sentido que desarrollamos y el último que perdemos. De ahí que este sentido sea tan importante para el desarrollo de nuestras habilidades y competencias comunicativas durante toda nuestra vida, porque no es solo el que nos permite ubicarnos o darnos información necesaria para nuestra supervivencia, sino que nos permite reconocer el placer y disfrute de sentirnos amados, de ser llamados por nuestro nombre, de escuchar la voz de nuestros seres queridos y percibir una hermosa melodía llamada canción.

Pero, antes de cualquier explicación lógica acerca de la trascendencia comunicativa de este, quisiera hablar desde mis propias experiencias y desde algunas preguntas que he fabricado al tomar el papel de receptor, de quedarme callada y ser capaz de entender o simplemente esperar para responder y decir con agrado, enfado o impulso todo lo que mueve dentro de mí esos sonidos del otro, sus palabras y más que eso, los sentidos que produce.

En efecto, siempre me ha parecido muy difícil hacer distinción entre eso que los sonidistas llaman planos sonoros, pues no soy hábil para distinguir cuál es más importante que otro, ya que no logro concentrarme en el plano principal, ya sea por cercanía o por ser el más relevante en ese momento. Tal vez, por estar relacionado con la voz de mis maestros, los consejos de mi madre o las enseñanzas de la iglesia. Entonces, fácilmente mi oído escucha la vocecita de los niños jugando, los comentarios de otras personas alrededor, los sonidos de afuera, los movimientos de los animales u otras personas. Es un juego interminable de sonidos, de ideas, de palabras que entran y salen, forman conceptos y me confunden en un mar de pensamientos sin fin, no sabiendo, en muchas ocasiones, dónde terminan los pensamientos del otro y dónde surgen los míos o los de mi otro “yo”.

Lo anterior me hace cuestionarme sobre ¿Qué realmente debo escuchar?, ¿por qué debo escucharlo todo?, ¿por qué hay palabras y consejos que nunca se olvidan?, ¿por qué hay sonidos que te paralizan?, ¿por qué hay sonidos que te hacen estallar de alegría o de tristeza?, ¿hay sonidos que te pueden matar?, y más aún, ¿por qué escuchar trae tanto peso sobre los hombros de una persona?

No obstante, me doy cuenta que es más fácil preguntar que entender muchas realidades que simplemente nos afectan. Como lo dije antes, parece ser que me es difícil y no solo a mí, sino a muchos nos es difícil diferenciar entre lo que es basura y lo que es importante a la hora de escuchar. En mi caso, le atribuyo toda la culpa a la cortesía y al deseo de ser tolerante, pues me hacen escuchar bastantes discursos que son desagradables. Se supone que es lo que debo de hacer, aunque haya descubierto hace poco que hay palabras que deben ser ignoradas; hay personas que deben ser olvidadas y discursos que deben ser evitados porque fracturan el alma, porque hieren el corazón y deterioran la conciencia.


Por eso, he recibido con agrado esas palabras que me muestran qué escuchar y cómo aprender a escuchar, las cuales se encuentran en ese famoso libro de la sabiduría, la Biblia. Por ejemplo, cuando esta dice: “Hijo mío, presta atención a mi sabiduría, inclina tu oído a mi prudencia […] Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no abandones la enseñanza de tu madre […]. En conclusión, no necesito más que llenar mis oídos de aquello que me acerca a la sabiduría y restarle valor a eso que trae necedad, caos y tristeza, pero para eso necesito escuchar mucho, aunque no quiera porque tengo que seguir diferenciando la intención de las palabras, porque no todos los sonidos que traen alegría son los más apropiados, ni todos los sonidos que traen tristezas son los que, realmente, nos hacen daño. Entonces, no tengo más remedio que seguir escuchando hasta que me muera y seguir creciendo en sabiduría hasta que pueda escuchar.

1 comentario:

  1. Definitivamente escuchar es lo mejor...

    Vuelve a revisar la puntuación, pues el texto se pierde un poco sin su uso.

    uso inadecuado de mayúscula: "pensamientos sin fin; No sabiendo, en muchas ocasiones..."

    Me encantan las preguntas que haces, me gustaría saber tu respuesta a ellas.

    Luego de escuchar a alguien es imposible olvidar lo que ha dicho, si solo se oye, sí.

    Pero sigue escuchando, es lo mejor.

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