Siempre
me he preguntado por qué las palabras valen tanto, su precio es tan abrumador
que muchas veces me he quedado endeudada con bastantes personas y en otras
ocasiones solo he decidido no gastarlas, pues como dicen las famosas palabras
que hicieron célebre al filósofo Eurípides: “Si tienes palabras más fuertes que
el silencio, habla. Si no las tienes, entonces guarda silencio.” Por eso he
tomado bastantes decisiones que me han traído mucha alegría y otras, bastante
tristeza, ya que, en el papel, en el tablero, en los cuadernos, agendas o en
las hojas de los árboles se puede borrar, quemar o destruir lo que uno escribe,
pero jamás se puede borrar una buena o mala palabra que se profiere a una
persona a la que amas, ni mucho menos, desdecir una palabra hiriente, cortante
e imprudente que uno haya dicho en algún momento. Siempre somos recordados por
nuestras palabras, es decir, por esa compleja capacidad, desarrollo, habilidad
y competencia que hemos alcanzado como sociedad racional.
Un
ejemplo de ello lo podemos encontrar en los discursos que hicimos esta semana
como actividad de desarrollo y evaluación de nuestra expresión oral en la clase
de “Naturaleza de las Áreas en español”. En ésta, vimos una muestra de quiénes
somos, porque las palabras constituyen la esencia de nuestro ser; ellas junto
con las características de la expresión oral como el tono, el timbre, la
intensidad y la expresión corporal
dibujan el carácter de nuestra personalidad, la belleza de nuestro espíritu, la
amplitud de nuestra experiencia, lo basto de nuestro conocimiento y la luz de
nuestra sabiduría. No
obstante, mi escrito tiene otra intención y es mostrarles a través de un
pequeño ejemplo esas vivencias que habitamos y construimos cada día a través de
las palabras, como vehículo que nos lleva de la niñez a la senectud, de la
inocencia al amor, de la tranquilidad a la pasión, y de la soledad a la
compañía.
Así
sucedió aquella vez, hace más de un año, donde se repetía el arduo proceso de
ensayo –error que vivieron la mayoría de nuestros antepasados cuando trataban
de cumplir y disfrutar el proceso natural de selección de pareja para la etapa
romántico-reproductiva. Sí, me vi envuelta en ese proceso que muchos pasan con
dolor y que unos pocos afortunados y despreocupados seres encuentran a la
vuelta de la esquina, sin mayor esfuerzo y como si fuera una “Lotería”.
Yo,
que siempre he sido una chica espontánea y divertida, me llené de pavor al
encontrar los ojos de aquel muchacho con el que había soñado hace muchas
semanas. El temor siguió creciendo cuando él decidió acercarse y cortar el
hielo con estas sencillas palabras: —Tú eres del primer semestre, nunca te
había visto antes— y yo solo pude responder trastabillando— sí— y me alejé.
Desde ese momento, marqué decisivamente lo que sería nuestra relación, porque
definitivamente, las palabras rotulan con un matiz espacial nuestras relaciones
con los otros y nosotros mismos. Cuando pienso en aquella historia, puedo
echarle la culpa del fracaso de esta relación a las palabras y a nuestra poca
incompatibilidad para comunicarnos, pero también puedo agradecer el inicio de
otras nuevas relaciones, donde las palabras fueron las más adecuadas, dulces, y
donde la comunicación era casi perfecta porque se resumía en pequeñas palabras
y muchos besos.
Para
concluir, las palabras son todo lo que tenemos. No tenerlas es mutilar parte de
lo que somos, es desdibujar la condición de lo que nos constituye como seres
complejos llenos de belleza, emoción, inteligencia, experiencia, conocimientos,
es decir llenos de singularidad irrepetible. La oralidad es nuestra existencia
visible en la sociedad, es nuestra arma, nuestra llave para acceder a todo lo
que es humano y necesario para nuestra supervivencia en este mundo creado y
sostenido por la palabra sabia del creador.

Stepahnie, me gusta este texto, más que el primero.
ResponderBorrarDebes revisar puntuación, es muy importante darle coherencia al texto.
Corrige esta expresión: "Así, sucedió aquella de esa vez, hace más de un año..."
Me gusta tu descricpción de la situación comunicativa con ese sujeto... al que respondiste: solo sí. Te faltó agregar algo...pero aún puedes hacerlo ¿o no? Creo que no, porque terminaste en otra relación...
"Para concluir", y no has concluido... sobra en el penúltimo párrafo.
Nuestras palabras nos venden a los otros.