Como
si fuera la primera vez…
Al iniciar cada semestre me
preparo meticulosamente como en una especie de ritual para poder recordar tanto
el nombre, como el rostro y el tipo de relación que tengo con los compañeros,
los profesores y los empleados de la Universidad a la que pertenezco hace ya
casi tres años. Me parece bastante extraño pasar por un proceso de aprendizaje
y olvido que no dura más de cuatro meses y que me cuesta bastantes conjeturas y
adivinanzas.
Luego de una semana de
clases, apenas inicié mi semestre electivo el lunes pasado porque por azares de
la vida, pasé por bastantes problemas y olvidos. Aunque, el miércoles en la
mañana pude regresar donde aquel agradable hombre, al que sí lograba recordar
en totalidad, tanto por su mirada triste como por su nombre de galán de novela
de los ochenta: “Fabián”. No lo veía hace más de ocho meses y me sorprendía que
en sus recomendaciones médicas me dijera que me sintiera afortunada de esta
condición porque me dotaba de una profunda libertad y paz, que tal vez, otras mujeres no tenían, puesto que ellas recordaban con
detalle demasiadas cosas que les complicaban la vida como cumpleaños, problemas
y peleas pequeñas entre ellas y otros demonios como rencores y odios; basura
innecesaria que les hacia la vida muy pesada.
Por lo cual, aquel día, al
salir de ese lugar frío y bastante cuadriculado pude recordar vagamente
otro día, con poca claridad, pues lo veía como en fotos en blanco y negro
de poca resolución. Finalizaba el quinto semestre, cundo me encontré con
aquella mujer de unos treinta años y de estatura pequeña; en ese momento, sentí
en mi corazón que era una gran amiga y que debía abrazarla o por lo menos
mirarla con ternura, pero ella me miró con odio y algo de temor. Entonces, pude
adivinar que tal vez tuve una gran discusión con ella y que, en vez de ser
amiga, tal vez, era una de mis “enemigas” a las que no conocía o no podía
recordar con tanta facilidad. Desde luego, me reí profundamente porque me di
cuenta que olvidar es el mejor remedio para seguir sonriendo cada día y
aprender cada día como si fuera el primero.
Finalmente, pude entender el
valor de la escritura para toda la humanidad, y especialmente, para aquellos
seres como yo, de memoria perdida y olvidadiza, ya que nos permite responder a
todos nuestros compromisos tanto sociales como académicos, personales y espirituales.
En primer lugar, al escribir fechas importantes como reuniones, exámenes,
cumpleaños, matrimonios y otros, podemos llegar a tiempo y ser conocidos por
nuestra puntualidad, seriedad y consideración.
En segundo lugar, al
escribir todos los datos suministrados en clase podemos aprenderlos y no
olvidar ninguno para futuros parciales o evaluaciones. En tercer lugar, tener
notas sobre nuestras citas médicas o al guardar las recomendaciones de algunos
médicos como Fabián, que no solo son médicos del cuerpo, sino del alma porque
con ellos se puede aprender mucho, y sobre todo nos enseñan a valorarnos cada
día con nuestras debilidades y posibilidades. Por último, podemos reescribir
bellezas tan incalculables como algunos versículos de la Biblia, que nos han
hecho recibir consuelo y fortaleza en momentos de aflicción. En síntesis,
escribir es el arte de preservar lo importante tanto desde lo social como desde
lo íntimo.

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ResponderBorrarStephanie, empiezo con la lectura de tu blog y lo primero queme encuentro es que tienes un recurso fundamental para tu memoria: la escritura, este blog, te va a servir para ello, para tener una historia escrita.
ResponderBorrarUna recomendación, antes de hacer tu entrada y publicarla, escribe en Word para que te ayudes con el corrector, pues este no te deja pasar asuntos como palabras incompletas y algunos asuntos de acentuación.
con respecto al contenido, me parece que logras generar una expectativa importante con tus ideas.