¡La amada, al estilo del Cantar de los Cantares!
¡Siento cerca la voz de mi amado!
Ahí viene, en uno de esos carros de
la línea S,
Con su hermoso cuello,
que he comparado,
como la torre del palacio de Salomón,
hermosa es su mirada entre las
ventanas,
como la de cien palomas ,
Mi amado es para mí un manzano joven
con solo veintiséis frescuras,
como el más joven entre los
terneros de mi manada.
Ahí está: se detiene,
al frente de un hombre común,
uno que lo hace ser lirio entre
espinos,
él es el príncipe de Roma,
Habla mi amado y dice:
— “¡deja de lastimar mi hermosura!”
Porque yo soy de mi amada y
ella es mía.
Continúa mi amado brincando,
salta como gacela a un lugar vacío,
Esconde su hermosa figura,
su cuerpo de ciervo joven.
Se baja, y su elegante gabán es
hermoso,
como miles de flores de
alheña,
se encuentra con uno de sus
compañeros,
parece que apacenta el ganado,
Pero su amigo le dice:
— “¡súbete el botón, para que puedas
tapar
tanta hermosura!”
Les conjuro mujeres de Roma ,
por las gacelas y las ciervas del campo,
que no os burléis de mi
amor,
que no lo critiquéis,
si él no quiere,
porque yo así lo he amado!

Stephanie, muy buen texto, se nota que conoces el Cantar de los cantares. Es un buen escenario, pero te falta entrar más en la historia original, la de Queneau.
ResponderBorrarEn la escritura no hay observaciones. Muy bien.